Mínimo podría ser el rayo de luz de mi ventana en la mañana. Mínima la yerba que queda en el frasco del estante. Mínimo el ruido de la pava hirviendo. Lo inesperado puede suceder en todas esas historias mínimas. De repente encontrarte en un lugar que jamás pensaste que sería tuyo. Con gente diferente que jamás creíste. Bienvenidos a mis historias mínimas. Foto: "Lejos de Palermo" de Cecilia Fortunato. Modelo Valen Fortu. General Rodriguez, verano 2012.

Los 80

Te abracé te acordás? Allá a finales de los 80. Tocaba la Portuaria en la 9 de Julio a la altura de casi el bajo, y nos cruzamos en la multitud. Llovía.


Nos habíamos conocido en la Bienal de Arte Joven que por ese tiempo era la forma que tenía la ciudad de atrapar a la gente joven, futuros talentos músicos , escritores, fotógrafos. Organizada por la Municipalidad de Buenos Aires. El Estado nos guiñaba un ojo, fueron los inicios de las movidas culturales en democracia.
Mi aporte estaba colgado en una pared. Una escueta poesía que justamente hablaba de la noche, de los encuentros, de las sorpresas en la oscuridad.
La noche de Buenos Aires se sentía asechadora en esa época. No por la inseguridad, ni por los motochorros, ni por los amigos del paco y otras distracciones.
Aún se respiraban aires de liberación de un pasado que algunos niños jóvenes como yo teníamos moldeada en la piel. La policía todavía te paraba por la calle, te separaba de tus amigos y t hacía las mismas preguntas que a ellos. Después se juntaban y chequeaban que la información coincidiera. Pero yo no les tenía miedo, a ellos no, sino todo lo contrario, me gustaba poder decirles sobradamente las respuestas que querían oír, total no pasaría nada, (mi inocencia intacta) Hasta ellos sabían que su poder impoluto se había transformado en una especie de chiste malo.
De noche a mi me asustaban los choferes de los taxis. Que tomen un camino diferente al que yo hubiera elegido. Que empiecen a hacer preguntas que uno no quiere responder. Que te miren por el retrovisor y te duela el cuello por doblar la cabeza hacia fuera para esquivar esa mirada de lobo en celo.
La conciencia de una mujer púber que despide ese aroma a durazno que transforma en vampiro al hombre mas respetado. Miedos de mujer nueva, que empieza a practicar el maquillaje y los tacos y toda la sensualidad de esos primeros años.
En esa época todo sucedía en la calle. El taxi se paraba siempre en la calle y no tenía el teléfono en la puerta que identifique a que empresa te subías. Los colectivos tardaban como ahora, pero podías esperarlos sentado en el cordón vestida de minifalda y sobrevivías. La comida se buscaba directamente en la cantina –y era comida de cantina-, no había el… me mandas un sushi?!.
Las películas se alquilaban en el videoclub, uno en cada cuadra, porque el que recibía un duro se abría un videoclub, ese era el negocio del momento.
Laura Ramos escribía sus columnas sobre los personajes de la noche y Lalo Mir rodaba en la radio. Amaba a Lalo, a Laura no.
A Laura no la soportaba, pero igual la leía. Capaz escribía cosas que delataban mi mundo de noche. Como una amiga botona, a viva voz y masivamente contaba la vida de esos personajes salvajes, de esos reductos inimaginables.
Su columna del diario de la mañana tenía demasiada luz, era demasiado temprano y todavía estaba la resaca ácida en el estómago para leer historias que pertenecían a la noche, esa noche revuelta, berreta e inesperada que tanto me gustaba.
Y también existía esa escueta poesía mía seleccionada para la bienal.
Eran unas pocas líneas, en un papel a máquina de escribir, pegada sobre el hule de una carpa improvisada. Se perdía entre la cantidad de temas, rubros y autores que había.
La protagonista era una adolescente rubia, lacia y huesuda, con morral multicolor. Vivía para las consignas correctas, esas que alguien dijo que eran las correctas. Siempre me pregunté quien era esa persona que seguramente era el ejemplo de la corrección, como para corregirnos a todos.
Pero bueno ahí estaba, pequeña, contundente y ganadora, uh! Algo así decía:
“Ahí t busqué en la noche oscura. Ahí no estarás sin música. Ese encuentro casual entre gente extraña, un abrazo fugaz y se hará de mañana”.


Entonces… te preguntaba si te acordabas de aquella vez entre la multitud, llovía y te abracé. Te pregunté como andabas y vos a mí. Bien, nos dijimos. Yo miré para el piso vergonzosa y vos abrasaste a otra. 
P.


3 comentarios:

  1. tratare de generar un clima.
    agosto del 94, cerro catedral, dia del niño, fiesta de las colectvidades, bajando de la aero silla y decubrir que en la plaza central de la villa catedral tocaba La Portuaria.
    todos bailando esquies en la mano, camperas botas gorros guantes, esperaba el mate o chocolate caliente

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