Mínimo podría ser el rayo de luz de mi ventana en la mañana. Mínima la yerba que queda en el frasco del estante. Mínimo el ruido de la pava hirviendo. Lo inesperado puede suceder en todas esas historias mínimas. De repente encontrarte en un lugar que jamás pensaste que sería tuyo. Con gente diferente que jamás creíste. Bienvenidos a mis historias mínimas. Foto: "Lejos de Palermo" de Cecilia Fortunato. Modelo Valen Fortu. General Rodriguez, verano 2012.

Crónica uno.

No se como pasó pero fue así. A fuerza de buen trato y serenas maneras. Me enamoré de Salta. De sus contrastes, cerros robustos, caminos blancos. Estoy enamorada y mi corazón hace que explote, linda. Porque no nos mintieron, Salta es linda. Una china bella abierta a lo que sea. Tierra colorada ahora sí. El color de la Pachamama, entrañas de mujeres fértiles.

Todos acá se persignan, a diferencia de Buenos Aires el que no lo hace queda expuesto a la condena divina. Me lo recordaron bajando el cerro, en ese colectivo de línea, niños, mujeres y ancianos. Sus miradas y el respeto que he perdido por mi propia divinidad.
Sobresale el que la señal de la cruz no se hace. La fe se te impregna, flota, se huele todo el tiempo.

Salta: Los valles, Cachi, la 40, Cafallate, de nuevo Salta Capital y ahora Jujuy: Purmamarca, Tilcara, Humahuaca, La Salina. Toda esa inmensidad. Intensa como lo pequeño, ese objeto mínimo y valioso.
Puentes muchos, como venas que conectan los lugares a llegar. Esos puentes que vos, amiga, retratás en tus fotos como nadie. Por suerte califico para verlas impresas, vos me entendés.

Lenny Kravitz es el disco que suena. A veces rebota por el terreno irregular. Los badenes en la ruta se repiten y el que maneja me avisa que llegan. Alguien que aprecia lo que escribo, que piensa que de este cuaderno saldrán sonidos de colores, estrellas en el día y soles de noche, hasta terminar.

Escribo y cambio el foco. Me encanta el auto desordenado. Las camperas en la luneta, la bolsita de basura colmada en la palanca, los vasos de agua por aquí y allá.
El bollo de papel con olor a empanadas y mis pies vendados.
Todos los compartimientos ocupados, el corazón, los oídos, las sonrisas, todos.
Polvo, mucho. La piel dura, el pelo peor. Los labios secos y el cacao de manteca que me ofrecen.
Y de nuevo en la carretera el Gauchito que no es ningún Gil, por todos lados. Siempre llega antes que uno.
Y aunque el cansancio aparezca siempre hay indeleble para su ralla, la del culo. Disculpen los bemoles de esta crónica, es que la palabra culo aparece con fuerza. La fuerza que hace nuestro cuerpo sobre los asientos después de tan larga travesía.

Sin prisa, hacia el camino elegido. Lo que pase pasará y será bueno, porque lo mejor está por llegar. Fórmula que se repitió desde que bajamos de avión, el inicio: ayer genial, hoy alucinante, mañana vos y yo. Las fotos desde la ventana y el deseo tuyo de un alfajor de galleta y melaza.
Ahora el mate silencia mi vic, la made in Cafayate, no cualquier VIC, no cualquier mate.

Buscando hotel en Purmamarca, me gusta que preguntes, que te esfuerces, que dudes si nos gustará.
Divino, nuestro cuarto daba al cerro de los 7 colores. Dicen que son 7. Los conté, como no se cuenta el tiempo aquí detenido. Purmamarca no es de este mundo. Aquí el polvo es bueno. Polvo de estrellas. Sofi y Calu desaparecen en una grieta. Los chupa y los vuelve a escupir. La montaña se moldea con nosotros. UAU! dios es argento. Es así te lo garanto.

Bajé la vista un segundo hacia mi cuaderno y ahora son ocho los colores. Como una historia surrealista aparece una franja fucsia en su ladera.

Bajando algo, los que fueron vivos. El cementerio tiene  el olor de la tierra. El viento sopla al sonido de las quenas y nuestro pasos sobre las piedras son un puente al presente.
El hombre de piel trigueña reza. Su mirada al piso inclina su sombrero y esconde su pena. Su saludo a algún antepasado que todavía late en su alma. Y aquí me detengo y pienso ¿Qué pasa cuando dos almas se cruzan. La que bajan de los cerros y las nuestras, las mortales?. Creo que las de los cerros permanecen por los siglos, las mortales, la finitud nos condena.
Quisiera también pensar que son los dueños de la tierra los que allí descansan. Pero los apellidos criollos me traicionan. Parecen todos herederos de Guemes, hijos, nietos, bisnietos, tataranietos y la cola de almas que han llevado su rostro.
Estoy sentada escribiendo en el escalón que deja una lápida. Me retan, me piden respeto. Yo creo que soy buena compañía. Paulo Jerez, 19/02/2003, gracias.
P.

PD:
Les dejo un link a una verdadera crónica. Con detalles y observaciones. Yo quedé un poco mareada y con esto cambié el mapa que me dieron en el hotel. Pero juro que solo tomé un oporto la noche de Purmamarca. Esto es lo que salió.
http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-2073-2011-05-15.html
















5 comentarios:

  1. querida P., he estado en un viaje similar al tuyo y he experimentado sensaciones parecidas. Te felicito por como sabes expresarlas, una combinacion perfecta de simpleza y poesía que conmueve a cualquier lector. Rain Boy

    ResponderEliminar
  2. HERMOSO....MIRÁS HACIA ADELANTE EN LA CURVA DEL MIRADOR Y TENÉS EL CERRO , MIRÁS HACIA ATRÁS Y TENÉS EL CEMENTERIO....Y SI MIRAMOS HACIA ARRIBA PEDIMOS JUSTICIA....

    ResponderEliminar
  3. Pau espero la crónica de la carrera!!

    Luis Migueles

    ResponderEliminar
  4. Si si Luis está en el laboratorio. Pronto, pronto!

    ResponderEliminar
  5. Buenisimo Pau, los que tenemos la suerte de conocer lo que describis, sabemos que es imposible plasmar en el papel tanta belleza, pero te sale tan bien que cierro los ojos y me parece estar en Purmamarca. En mi viaje me encantó el cementerio de Maimará, que se ve desde la ruta, ahi se ven los cuerpos momificados por las caracteristicas del clima. Hermoso

    ResponderEliminar