Mínimo podría ser el rayo de luz de mi ventana en la mañana. Mínima la yerba que queda en el frasco del estante. Mínimo el ruido de la pava hirviendo. Lo inesperado puede suceder en todas esas historias mínimas. De repente encontrarte en un lugar que jamás pensaste que sería tuyo. Con gente diferente que jamás creíste. Bienvenidos a mis historias mínimas. Foto: "Lejos de Palermo" de Cecilia Fortunato. Modelo Valen Fortu. General Rodriguez, verano 2012.

A Patadas

Que venga alguien a callar mi alma, antes de que se haga madrugada. Antes de que mi propia sombra me devore aún vivo, tripas y todo. Entre sudor y almohada.
Alguien que venga a abarrotar los bares de marchas y fanfarria, que las botas lustradas yacen a los costados de la cama.
Embriagadas están de olor a miedo, gloriosa adrenalina la de patear puertas,
la de sacar los muertos a trompadas. Muertos que aún no saben que se han muerto.
Y que sea Dios el que salve sus almas. Que venga alguien a salvar la mía.
Que si regreso a casa, el beso de mi amada baste y sobre. Que ella no me pregunte,
ni que me diga nada. Que no huela mi miedo, ni mi euforia.
Que no huela los cuerpos que aún no han muerto.
Que me despierte el beso en la mañana, el beso que he extirpado de otras bocas,
que no besarán hijos, ni mujeres, ni hermanas.
Que con el nuevo día tenga la fortaleza de calzarme esas botas, para salir de nuevo con los Falcon.
Que alguien recite un código verdugo para que entonces le entremos a patadas
a una casa cualquiera en los suburbios, los postigos abiertos como brazos
y un gato dormitando en la ventana.
                                                      
Luz Gómez Romero
Escritora residente en General Pacheco
                                                                           

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