Mínimo podría ser el rayo de luz de mi ventana en la mañana. Mínima la yerba que queda en el frasco del estante. Mínimo el ruido de la pava hirviendo. Lo inesperado puede suceder en todas esas historias mínimas. De repente encontrarte en un lugar que jamás pensaste que sería tuyo. Con gente diferente que jamás creíste. Bienvenidos a mis historias mínimas. Foto: "Lejos de Palermo" de Cecilia Fortunato. Modelo Valen Fortu. General Rodriguez, verano 2012.

AL TANO

Sus manos. Sus manos gigantes que todo lo pueden. Quien las supo y pudo escuchar contaban su historia. Una historia mas entre las miles de esperanzas gringas que vinieron en barco queriendo echar raíz. Sabían de malarias y de conventillos y de que con casi nada hacerlo todo.

Amaban las cucharas, los baldes, los canastos, el fratacho, las reglas, el nivel, la plomada,la maza, la punta , el cortafrío y su oficio.
Además de sus manos, su pelo blanco, su altura, sus anteojos y su gorrito de papel; él andaba siempre con su espíritu pionero,capeando desafíos imposibles,arriba de andamios y fachadas derrochando vitalidad, ironía e hidalguía y el quijote ingenio de arreglarse con lo que había. Y hacer.

Lo conocí en la escuela. Llueva, nieve o truene él llegaba temprano, se cambiaba los zapatos, se ponía el delantal y a la-bu-rar. Y de reojo y a distancia sabía si hacíamos el trabajo bien o mal.
Fue mi maestro y aprendí que con ganas, algo de oficio, pocas herramientas y mucha testarudez uno puede crear belleza, transformar vidas, construir mundos y ser mejor.
Fue mi maestro y hoy es patrimonio de la escuela…el tano, el tano Gigli...

Dicen que se fue, que nos dejó ¡justo él! el primero en llegar, que vino a hacer y no a chamuyar…escuchen bien: ahora hablan sus manos en muchas otras manos y en las mías también.

Luciano Logiovine

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