Mínimo podría ser el rayo de luz de mi ventana en la mañana. Mínima la yerba que queda en el frasco del estante. Mínimo el ruido de la pava hirviendo. Lo inesperado puede suceder en todas esas historias mínimas. De repente encontrarte en un lugar que jamás pensaste que sería tuyo. Con gente diferente que jamás creíste. Bienvenidos a mis historias mínimas. Foto: "Lejos de Palermo" de Cecilia Fortunato. Modelo Valen Fortu. General Rodriguez, verano 2012.

Memoria

Saber que va a amanecer. Los ojos entreabiertos, el espejo a lo lejos, la cabeza despeinada.
Saber que va a amanecer y no saber que sigue.
El tema son los olvidos. Olvidar el rumbo.
Había dejado marcado el sitio en la vereda donde paré de contar. Tenía que encontrar la marca.
Con paciencia de bordadora miraba el asfalto monótono. La ví! y empece de nuevo a contar, como lo había hecho el día anterior y el día anterior al anterior y el anterior al anterior al de hoy.
Olvidar es algo así como resignarse. Es no recordar, es dejar atrás, es no se, tan solo olvidar.
Pero el olvido no existe cuando no tenés para la leche, ni tampoco califica cuando no hay veneno para las hormigas que castigan el rosal.
Olvidos como estos no aparecen justo antes de amanecer. Los recuerdos siguen, las convicciones no se borran. Apenas entreabiertos los ojos, el espejo a lo lejos, la cabeza despeinada y el maldito sitio donde ayer paré de contar.

P.

No hay comentarios:

Publicar un comentario